¿Cómo pasas del yôga solo como una práctica de ásana, a incorporarlo a tu vida?
Piensa en lo que tu cuerpo ha aprendido, ganado y experimentado en la práctica física.
¿Te has vuelto más fuerte físicamente?
Entonces, comienza a implementar límites más fuertes en tus relaciones.
¿Tu cuerpo se abre con mayor flexibilidad?
Entonces, esfuérzate por mantener la mente abierta y la curiosidad con los demás, especialmente cuando sus opiniones difieran.
¿Mueves tu cuerpo con intención mientras fluyes?
Entonces, trabaja en moverte por la vida con intencionalidad.
¿Has logrado un mayor equilibrio en tus movimientos?
Entonces, esfuérzate por cultivar un estilo de vida equilibrado en todas las áreas.
¿Eres paciente contigo mismo cuando aprendes algo nuevo en el mat?
Entonces, extiende la paciencia a los demás en momentos de frustración.
¿Intentas retomar una postura de nuevo si te caes?
Entonces, sigue intentándolo incluso si las cosas no salen «de acuerdo con el plan» la primera vez.
¿Utilizas accesorios extra (straps, bloques, etc) para modificar determinadas posturas y evitar lesiones?
Entonces, trabaja en el apoyo hacia tu comunidad en momentos de necesidad.
¿Respiras en posiciones difíciles?
Entonces, comienza a respirar profundamente a través de las dificultades.
¿Has llorado alguna vez en Savasana o meditando?
Entonces, acepta la vulnerabilidad como una fortaleza, en lugar de una debilidad.
Usamos el cuerpo como un recipiente para comprender la mente, el corazón, nuestros patrones y nuestros desencadenantes.
El cuerpo es tangible, es más fácil de entender de alguna manera.
Realmente podemos VERLO crecer, retorcerse, fortalecerse, abrirse y más.
Utiliza esas conclusiones tangibles para comprender mejor las áreas que no podemos ver.
Se llama práctica por una razón.
Continúa intentándolo.
Se más consciente
Se amable.
De eso se trata el yôga.